3 de junio de 2016

La cooperación emerge en grupos pequeños y con buena memoria

En cambio, cuanto más grandes son y menos recuerdos tienen, más se favorece el egoísmo

Un estudio con teoría de juegos realizado en EE.UU. muestra que los grupos sociales pequeños y con buena memoria tienden a la cooperación, mientras que los grandes y/u olvidadizos favorecen los comportamientos egoístas, que perjudican al grupo.

tragedia de los comunes, un concepto descrito por el ecologista Garrett Hardin en 1968, pinta una visión pesimista de la naturaleza humana. La teoría es que, si un recurso es compartido, los individuos actuan en su propio interés, pero en contra de los intereses del grupo, agotando ese recurso.

Sin embargo, los ejemplos de cooperación e intercambio abundan en la naturaleza, desde las sociedades humanas hasta las bacterias unicelulares.

En un nuevo artículo, publicado en la revista Scientific Reports, investigadores de la Universidad de Pennsylvania (EE.UU.) utilizan la teoría de juegos para probar el complejo conjunto de cualidades que pueden promover la evolución de la cooperación.

Su análisis demuestra que los grupos pequeños en los que los participantes tenían buena memoria de las acciones de sus compañeros eran más propensos a desarrollar estrategias de cooperación.

El trabajo sugiere una posible ventaja de la poderosa capacidad memorística del ser humano: ha alimentado nuestra capacidad para cooperar como sociedad.

"En el pasado habíamos observado interacciones de dos jugadores para determinar las estrategias evolutivas más sólidas", dice Joshua B. Plotkin, profesor del Departamento de Biología, en Penn News, el diario de la universidad. "Nuestro nuevo análisis permite escenarios en los que los jugadores pueden reaccionar a los comportamientos y estrategias de varios jugadores a la vez. Nos da una imagen de un conjunto mucho más rico de interacciones sociales, Una imagen que es probable que sea más representativa de la complejidad de la conducta humana".

Plotkin colaboró ​​con Alexander J. Stewart, entonces investigador postdoctoral y ahora investigador en el University College de Londres, en el trabajo, que se basa en años de estudio de la teoría de juegos.

En sus trabajos anteriores, utilizaron el escenario del dilema del prisionero iterado, en el que dos jugadores se enfrentan y pueden elegir entre cooperar o no, para entender qué circunstancias promueven el aumento de la generosidad frente al egoísmo.

Más complejo

En el nuevo artículo, agregaron dos niveles de complejidad. En primer lugar, utilizaron un escenario diferente, conocido como juego de los recursos públicos, que permite a los jugadores interactuar con más de un jugador a la vez. La configuración punto también permitía a los investigadores variar el número de jugadores en un juego determinado.

En el juego de los recursos públicos, un jugador puede aportar una cierta cantidad de un recurso personal a una reserva pública, que luego se divide por igual entre todos los jugadores. El mayor beneficio compartido se produce cuando todos los jugadores contribuyen generosamente, pero eso pone también a los jugadores generosos en riesgo de perder los recursos, en beneficio de los jugadores egoístas, un escenario tipo tragedia de los comunes.

El segundo nivel de complejidad añadida fue imbuir a los jugadores con la capacidad de tener buena memoria. Es decir, los jugadores pueden utilizar las acciones de sus rivales en las rondas anteriores del juego para decidir sus estrategias en rondas posteriores. Si un jugador se encontró en varias ocasiones a un jugador en el grupo que con frecuencia se comportó de manera egoísta, por ejemplo, pueden ser más propensos a "castigarl" reteniendo recursos en las rondas futuras.

Además, se permitió a las poblaciones de jugadores "evolucionar", de tal manera que los jugadores más exitosos, los que alcanzan mayores beneficios, son más propensos a pasar sus estrategias a la siguiente generación de jugadores.

Stewart y Plotkin encontraron que cuanto más jugadores había en el juego menos probable era que ganaran las estrategias de cooperación. En cambio, la mayoría de las estrategias sólidas en los grupos grandes favorecía a los egoístas.

"Esto tiene sentido intuitivo", dice Plotkin. "A medida que un grupo aumenta de tamaño, las perspectivas de una cooperación sostenida bajan. La tentación de desertar y convertirse en un gorrón sube".

Con memoria 

Por el contrario, sus resultados mostraron que dar a los jugadores una memoria más larga, con la capacidad de recordar y basar sus decisiones en un máximo de 10 rondas previas, daba lugar a un mayor volumen relativo de estrategias de cooperación sólidas. Parte de la razón de esto, según los investigadores, era que los mayores recuerdos permitían a los jugadores desarrollar una gama más amplia de estrategias más matizadas, incluidas las que podían castigar a los individuos egoístas y garantizar que no tomaran el mando de la población.

En una última serie de experimentos, Stewart y Plotkin utilizaron simulaciones por ordenador que permitían evolucionar a la capacidad de memoria de los jugadores en paralelo a las propias estrategias. Encontraron que no sólo se veían favorecidas las memorias más largas, sino que la evolución de las mismas daba lugar a un aumento de la cooperación.

"Creo que un resultado fascinante de nuestro estudio", dice Stewart, "es que se puede obtener un conjunto de circunstancias en las que hay una especie de bucle de realimentación incontrolable. Los recuerdos más largos favorecen una mayor cooperación y una mayor cooperación promueve la buena memoria. Ese tipo de situación, en la que se pasa de un sistema más simple a uno que es más complejo, es un gran ejemplo de lo que hace la evolución, que conduce a una complejidad cada vez mayor".

Como paso siguiente, a Stewart y Plotkin les gustaría usar sujetos humanos para evaluar sus resultados matemáticos, y ver a qué prestan atención cuando juegan, si a sus propios beneficios o a los de sus oponentes.

Referencia bibliográfica: 

Alexander J. Stewart, Joshua B. Plotkin: Small groups and long memories promote cooperation. Scientific Reports (2016). DOI: 10.1038/srep26889

Tomado de: http://www.tendencias21.net/La-cooperacion-emerge-en-grupos-pequenos-y-con-buena-memoria_a42717.html

29 de mayo de 2016

Describen un circuito neuronal para olvidar el miedo

Aislan en ratones un circuito cerebral que permite olvidar el miedo.

Stetka, Bret

El cerebro es muy eficiente advirtiendo de peligros. También para avisarnos de que la amenaza ha desaparecido. Sin embargo, en ocasiones este sistema falla y subsisten las asociaciones desagradables, deficiencia que, según se cree, subyace en el trastorno de estrés postraumático (TEP). Una nueva investigación publicada en Science Advances ha permitido identificar un circuito neuronal responsable de borrar los malos recuerdos. Este hallazgo podría contribuir al tratamiento de un amplio abanico de trastornos de ansiedad, entre ellos, el TEP.

En trabajos anteriores se ha venido considerando que son dos las regiones cerebrales que suscitan y regulan las respuestas de temor. La amígdala interviene en las reacciones emotivas y se activa cuando estamos asustados. La corteza prefrontal interviene si la amenaza resulta inofensiva. Muchos estudios implican a ambas áreas en los recuerdos relacionados con el miedo, pero debido a que se hallan conectadas a otras partes del cerebro, se ignoraba si para superar el miedo sería necesario que operasen de manera conjunta. El reciente estudio, dirigido por Andrew Holmes, del Instituto Nacional del Alcoholismo de Estados Unidos, confirma que para suprimir las asociaciones de temor se requiere una conexión operativa entre esas dos regiones cerebrales.

Los investigadores entrenaron a ratones para que temieran un sonido. Para ello, asociaron el ruido con una descarga eléctrica en las patas. Por lo general, si se expone a estos animales de nuevo al sonido, pero sin que sufran la descarga, llegan a aprender que el estímulo sonoro es inocuo, por lo que pierden el miedo. Mediante técnicas de optogenética, los científicos perturbaron la conexión entre la amígdala y la corteza prefrontal. Los autores observaron que al alterar esta conexión crítica se impedía que los ratones superasen la asociación negativa con el estímulo sonoro, a pesar de que era inocuo. En resumen, los ratones seguían temiéndolo aunque ya no sufrían descargas en las patas. También observaron lo contrario: la estimulación de ese circuito cerebral aceleraba la extinción de los recuerdos de temor.

Según explica Holmes, la amígdala y la corteza prefrontal constituyen dos grandes nodos de una compleja red de comunicaciones. Sin embargo, parece que en los casos en los que existe una deficiente extinción del miedo, como en el TEP, solo se encuentra dañada la conexión entre ambas regiones y no con los nodos centrales. En vista de este nuevo descubrimiento convendría buscar fármacos que actuasen sobre este ­concreto circuito de temor.

Fuente:
Science Advances, vol. 1, n.o 6, págs. 1-8, 2015

Tomado de: http://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/numero/77/describen-un-circuito-neuronal-para-olvidar-el-miedo-14000?utm_source=boletin&utm_medium=email&utm_campaign=Psicolog%C3%ADa+y+neurociencias+-+Mayo