30 de agosto de 2012

How to Learn in Your Sleep

Subjects trained to sniff pleasant smells while asleep retain the conditioning when they wake up.

It sounds like every student's dream: research published today in Nature Neuroscience shows that we can learn entirely new information while we snooze.

Anat Arzi of the Weizmann Institute of Science in Rehovot, Israel, and her colleagues used a simple form of learning called classical conditioning to teach 55 healthy participants to associate odours with sounds as they slept.


They repeatedly exposed the sleeping participants to pleasant odours, such as deodorant and shampoo, and unpleasant odours such as rotting fish and meat, and played a specific sound to accompany each scent.


It is well known that
sleep has an important role in strengthening existing memories, and this conditioning was already known to alter sniffing behaviour in people who are awake. The subjects sniff strongly when they hear a tone associated with a pleasant smell, but only weakly in response to a tone associated with an unpleasant one.

But the latest research shows that the sleep conditioning persists even after they wake up, causing them to sniff strongly or weakly on hearing the relevant tone — even if there was no odour. The participants were completely unaware that they had learned the relationship between smells and sounds. The effect was seen regardless of when the conditioning was done during the sleep cycle. However, the sniffing responses were slightly more pronounced in those participants who learned the association during the rapid eye movement (REM) stage, which typically occurs during the second half of a night's sleep.


Pillow power

Arzi thinks that we could probably learn more complex information while we sleep. “This does not imply that you can place your homework under the pillow and know it in the morning,” she says. “There will be clear limits on what we can learn in sleep, but I speculate that they will be beyond what we have demonstrated.”

In 2009, Tristan Bekinschtein, a neuroscientist at the UK Medical Research Council's Cognition and Brain Sciences Unit in Cambridge, and his colleagues reported that some patients who are minimally conscious or in a vegetative state can be classically conditioned to blink in response to air puffed into their eyes. Conditioned responses such as these could eventually help clinicians to diagnose these neurological conditions, and to predict which patients might subsequently recover. “It remains to be seen if the neural networks involved in sleep learning are similar to the ones recruited during wakefulness,” says Bekinschtein.


The findings by Arzi and her colleagues might also be useful for these purposes, and could lead to 'sleep therapies' that help to alter behaviour in conditions such as phobia.


“We are now trying to implement helpful behavioural modification through sleep-learning,” says Arzi. “We also want to investigate the brain mechanisms involved, and the type of learning we use in other states of altered consciousness, such as vegetative state and coma.”

Tomado de:  http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=how-to-learn-in-your-sleep&WT.mc_id=SA_CAT_MB_20120829
 

14 de agosto de 2012

La memoria hace más que recordar…

La memoria es corporal, emocional, social y no racional, advierte un nuevo estudio.


La memoria humana es un proceso cognitivo relacionado directamente con el aprendizaje, la atención y la creatividad. Es común que las acciones de olvidar o recordar información sean relacionadas con la eficiencia de la memoria desde una metáfora computacional, pero un nuevo estudio de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) le destaca cualidades más humanas, más emocionales y corporales.

Una investigación realizada desde el Programa de Investigación en Fundamentos de Educación a Distancia (PROIFED), de la Vicerrectoría de Investigación, plantea un marco de principios científicos y epistemológicos que permiten la construcción teórica de una propuesta innovadora acerca de la memoria, más apegada a lo social y a lo humano, asumiéndola parte del cuerpo.

Actualmente, existen aproximaciones teóricas de la memoria como dispositivo computacional frío e individualista, desapegada de los factores emocionales y corporales que forman parte de las vivencias que experimenta el ser humano en todas las áreas de la vida. Debido a la estrecha vinculación de los procesos cognitivos de la memoria con la formación universitaria, el PROIFED se ha propuesto plantear un nuevo modelo diferente al abordado a nivel científico.

Luego de la primera experiencia de realizar un análisis crítico de los documentos relacionados con el tema, el equipo de investigadores determinó diez principios que deben tomarse en cuenta al hablar de memoria humana y, a su vez, plantean los retos educativos y epistemológicos que enfrenta la academia para contribuir con los procesos de formación universitaria. 

Por ejemplo, el estudio realizado señala la importancia de propiciar un mejor aprendizaje tomando en cuenta la composición altamente emocional que posee el ser humano. Destaca además la capacidad de la memoria para entablar procesos de aprendizaje en lo social, en los que se propicia el intercambio de nuevas experiencias y conocimientos.

“La memoria se transforma a lo largo de la vida. Acomoda todo la información que posee con los nuevos conocimientos que va adquiriendo a diario. Ella reorganiza el conocimiento”, acotó Piedra García.

Otro de los hallazgos de la investigación tienen que ver con la necesidad de abordar al olvido como un proceso normal de la memoria para reclasificar o descartar información. El PROIFED apunta que el olvido es asumido como un factor negativo sin tomar en cuenta la importancia que tiene dentro del proceso cognitivo de la memoria.

Con este estudio, el PROIFED ofrece un planteamiento que pretende contribuir a la configuración de una teoría más acorde con los procesos y retos de la formación universitaria, desde el campo de la función prospectiva de la memoria y en la función del olvido. Los principios y retos educativos y epistemológicos propuestos se detallan a continuación:

1. La memoria es simbólica y procesa conocimiento (contenidos): La memoria humana evolucionó hacia una instancia que alimenta, organiza y produce contenidos de carácter simbólico que la mente representa. Esto implica necesariamente tomar en cuenta los elementos emotivos y al cuerpo, con los que el sujeto social ingresa y vive su experiencia histórica en la cultura.

Reto epistemológico: Una memoria humana no se estudia con una metodología investigativa que desarticule la memoria de su función evolutiva, de su misión orgánica de dar flexibilidad al sistema mental y de proveer los recursos necesarios para la convivencia social.

Reto educativo: Hay que hacer del aprender un conjunto de actos articulados que permitan la sorpresa del descubrimiento, y que sean significativos, operativos en el contexto de vida ofreciendo recursos para tomar decisiones y solucionar problemas de carácter individuales y sociales. No es adecuado plantear la memoria como un dispositivo de almacenamiento informático y generar las propuestas pedagógicas, didácticas y curriculares coherentes a ese planteamiento.

2. La memoria no es racional: Cada vez más hay más estudios que determinan que los seres humanos y, por ende, nuestra memoria no funciona de manera ajustada a los parámetros de la lógica racional de manera exclusiva. Estos más bien son esfuerzos adaptativos culturales, políticos y de poder que se han organizado sobre las formas de pensar de los sujetos y grupos, en los diferentes contextos históricos y sociales.

La memoria responde a diversos modelos de organización de sus contenidos, muchos de ellos no racionales y su dinámica es determinada por factores tan complejos como los emocionales, corporales y situacionales, ya sea individuales o frente a los otros.

Reto epistemológico: Generar modelos de memoria que retomen las emociones, lo corporal y lo histórico-cultural a la hora de estudiar cómo la memoria organiza las categorías semánticas o sensoriales.

Reto educativo: Plantear el abordaje del aprender a aprender desde diversos modelos de categorizaciones en memoria y desde diversas lógicas de razonamiento.

3. La memoria es corporal : El pensar la memoria como algo abstracto o abstraído de su situación corporal general, ha sido uno de los errores más grandes de la investigación en memoria. La memoria evolutivamente y funcionalmente obedece a las posibilidades y restricciones del cuerpo recibiendo constantemente inputs de la experiencia de los sujetos con cuerpo, mismos que son diversos y cambiantes.

Reto epistemológico: Se deben plantear propuestas de investigación metodológicas que exploren y puedan explicar a la memoria humana como un sistema de procesos entretejidos con la experiencia y naturaleza corporal, lo cual implica entre otras cosas, el movimiento, los cambios del cuerpo y el desarrollo humano. Y no ver la memoria con un lente generalista y universalizante.

Reto educativo: Crear pedagogías y didácticas que promuevan los procesos de formación, en donde el cuerpo esté integrado por completo a los procesos de construcción del conocimiento, evitando el reduccionismo intelectualizante que toma en cuenta sólo los contenidos declarativos como susceptibles de memorizar.

4. La memoria es emocional: Los procesos y sistemas de la memoria humana están coarticulados con los contenidos y situaciones emocionales, ya que parten de la experiencia del cuerpo y siguen luego el color que los contenidos semánticos y pragmáticos le dan.

Reto epistemológico: El conocimiento organizado (en parte por la memoria humana) tiene naturaleza altamente emocional, lo que ayuda a categorizar en la memoria sus contenidos. Toda investigación en memoria humana debe partir de este punto base.

Reto educativo: Fomentar una educación rica en expresiones emotivas, en valorar lo emocional como recurso para aprender y construir saberes y para memorizar.

5. La memoria es social o colectiva: Los seres humanos son sociales en todos los sentidos posibles. Según muchos investigadores, es el animal socialmente más complejo. La memoria por consiguiente tiene un fuerte sentido social y las presiones de los otros no sólo crean contenidos para la memoria sino también acotan sus posibilidades de reconstruir y representar la realidad a lo interno del sujeto y del grupo. Además existe una memoria individual y claramente una memoria social que se ha explorado poco, ambas están coarticuladas.

Reto epistemológico: La existencia de la memoria social y de las presiones de los sujetos del grupo permiten el recuerdo y el olvido y dan intensidad a las emociones en un contexto a veces altamente subjetivo. Se hace necesario explorar con más detalle este fenómeno, que tiene implicaciones sociales y neuropsicológicas.

Reto educativo: El gran reto de la educación es pasar de una formación altamente individualizarte y competitiva a una más social y colaboradora que potencie los procesos de memorización constructivista cibernética de segundo orden.

6. La memoria es cultural: La memoria humana aún desde sus bases orgánicas e innatas está sumergida en la dinámica de la cultura, se alimenta de ella y es productora de cultura, en tanto participa de la experiencia corporal total y de los contenidos semánticos aceptados y articulados en la cultura.

Reto epistemológico: La división de lo innato y lo cultura ha ser eliminada al menos en el contexto en donde se ven como opuestas. Se deben buscar caminos para determinar cómo la memoria humana es habitante de ambos universos.

Reto educativo: Evitar la tendencia a generar visiones del saber relacionadas con un solo y dominante contexto cultural y llevar al estudiante a conocer otras coordenadas culturales y otras formas de organizar los contenidos en memoria.

7. La memoria es expandida: La memoria se ha expandido hacia dispositivos culturales externos al sujeto, tales como libros, dispositivos electrónicos, situaciones sociales específicas, la lecto-escritura, etc., lo cual parece ser parte de las dinámicas propias de la naturaleza creativa y del uso de instrumentos de la especie.

Reto epistemológico: Explorar más sobre estos tipos de instancias de memoria y determinar la relación cognoscitiva, emotiva y lingüística de estas instancias de memoria y la memoria humana.

Reto educativo: Explorar el papel de las memorias externas o instancias de expansión de la memoria humana en instrumentos y su impacto en los procesos de construcción de conocimientos.

8. La memoria es tropil: Nuestra especie además de ser social tiene una estructura social particular: la de tropa. Esta es propia de todos los primates, pero la nuestra tiene particularidades importantes como la presencia del lenguaje y la complejidad de las interacciones sociales. Esta situación se relaciona de forma biológica y cultural con la naturaleza de la memoria humana.

Reto epistemológico: No se puede a nivel investigativo aislar la memoria humana de la función primordial de del cerebro o mente de posibilitar la experiencia social de la especie. De esta forma, la memoria humana está configurada en el contexto de la experiencia de tropa y sus características.

Reto educativo: Promover las condiciones para que se dé el aprendizaje y la adecuada memorización en contextos de cooperación y en instancias de tropa o sus derivadas.

9. La memoria tiene una función prospectiva: La memoria tiene una función específica llamada prospectiva, que está relacionada directamente con la búsqueda y organización de contenidos para la toma de decisiones y solución de problemas a futuro, por eso prioriza los contenidos que tienen un carácter de utilidad para esos menesteres. La función prospectiva de la memoria además tiene la característica de disminuir la entropía de contenidos en memoria.

Reto epistemológico: Plantear aproximaciones investigativas a la función prospectiva de la memoria tomando en cuenta los principios antes anotados.

Reto educativo: Los procesos de formación están implicados con la tarea de dar recursos para la toma de decisiones y soluciones de problemas y esta situación coincide con la función prospectiva de la memoria, por lo cual es necesario explorar esta relación.

10. La memoria olvida: Otra de las funciones de la memoria es la del olvido, quizá contraria al sentido común, pero sin la cual el sistema cognitivo no podría funcionar. La memoria selecciona los contenidos que permanecen accesibles al recuerdo, pero no está claro aún cómo ocurre este fenómeno.

Reto epistemológico: W James y Ebbinghaus estudiaron los procesos del olvido, sin embargo, siguen siendo temas no abordados apropiadamente a nivel de investigación, sobre todo porque el olvido se asume como un error de la memoria y no como parte de los esfuerzos de la misma para disminuir la entropía del sistema cognitivo. Tampoco se ha abordado el olvido como parte de un mecanismo de flexibilidad de la organización de los contenidos en memoria o como parte de las presiones sociales.

Reto educativo: El abordaje del olvido como objeto de estudio pedagógico o didáctico es un tema prácticamente ausente en la literatura educativa, por lo que tratarlo sería muy necesario.

Los diez principios fueron expuestos por Piedra García y por el equipo de trabajo conformado por D'Alton Kilby, Renato Garita Figuereido, Mario Barahona Quesada y Melissa Mora Umaña. Todos ellos vienen de áreas como antropología, psicología, informática y otros.

Por Karol Ramírez, Acontecer.
Tomado de: http://web.uned.ac.cr/acontecer/index.php/a-diario/gestion-universitaria/1491-la-memoria-hace-mas-que-recordar.html

13 de agosto de 2012

Principios teóricos y retos metodológicos de investigación en memoria humana

 El pasado jueves 9 de agosto se llevó a cabo el coloquio "Memoria humana: principios teóricos y retos metodológicos de investigación", en el cual se discutió sobre los diferentes retos que en este momento tienen los estudios sobre memoria humana, así como los principios sobre los cuales se hace necesario abordar el estudio de la memoria humana y orientar el hacer pedagógico.

En el área de investigación, la mayoría de las hipótesis, propuestas, teorías, etc., de la memoria humana vienen abordando el tema de la memoria desde una visión computacional, por lo que se habla de la memoria como un almacén de información, esto principalmente por la influencia que ha tenido la teoría de la información y la metáfora computacional, donde se establece una analogía entre la mente humana y la computadora. 


Sin embargo, esta versión de memoria no contempla aspectos sociales, culturales, emocionales, y hasta evolutivos; se trata de propuestas frías, que no consideran que la memoria se construye con los otros y desde un sujeto empapado de emociones, y que está inmerso en un contexto social y cultural. 

Esta versión fría de la memoria al orientar la mayoría de estudios sobre este tema, han incluso permeado en el ámbito educativo, por lo que muchos de los programas de estudios  actualmente están montados sobre una visión de la memoria más de tipo computacional, en la cual el docente llena de contenidos a los estudiantes, como si estos fueran sistemas expertos.

Es por esta razón, que se requieren propuestas de la memoria integrales, que tomen en cuenta la historia evolutiva y la naturaleza social del Homo sapiens sapiens. Además propuestas donde se recuperen las emociones, el cuerpo, el lenguaje y la cultura, y tomen en cuenta que la memoria además de recordar tiene otras funciones fundamentales como es la prospección y el olvido. 


Esta actividad, es una de muchas que se han llevado a cabo en el pasado, y que por supuesto debe seguirse dando si queremos tener una visión más cercana a nuestros procesos de memoria, además tener una comprensión de la memoria puede ser fundamental en el ámbito educativo, donde por lo general se tienden a adoptar modelos de la psicología y otras ciencias que estudian la mente humana, sin ningún tipo de filtro y donde asumen posiciones sobre la forma en que las personas aprendemos y construimos conocimientos que se ven reflejados en los curriculums y programas de estudio.



8 de agosto de 2012

Los engranajes de la memoria

Dos científicos argentinos descubrieron que las neuronas que produce una estructura cerebral llamada hipocampo son necesarias para recordar hechos recientes, pero, al mismo tiempo, llevan a que los recuerdos antiguos se tornen más difíciles de rememorar.


No se puede vivir sin olvidar: esta fórmula, que muchos aplicarían al amor o al desamor, al rencor o al duelo, vale materialmente para una estructura cerebral llamada hipocampo, según descubrió una investigación de científicos argentinos publicada en la revista científica Cognition. El hipocampo es una estructura cerebral responsable de la memoria reciente, y es uno de los pocos lugares del cerebro donde, durante la vida adulta, se siguen generando nuevas neuronas. El estudio –efectuado mediante un modelo computacional que los mismos investigadores desarrollaron hace unos años– indica que la aparición de estas neuronas nuevas es necesaria para que la persona pueda recordar hechos recientes, pero, al mismo tiempo, conduce a que los recuerdos antiguos se tornen más difíciles de rememorar. Pero no es que los recuerdos se pierdan: se transfieren, desde el hipocampo, a otros sectores cerebrales. Las personas con la enfermedad de Alzheimer no tienen problemas con los recuerdos antiguos, pero sí para “enfrentarse con la novedad”, lo cual sugiere que en ellas podría tener especial importancia la pérdida de la capacidad de generar nuevas células en el hipocampo. También las personas con depresión podrían tener, aunque de otro modo, afectada su capacidad para generar esas neuronas de la novedad.
El trabajo se llama “El olvido, en términos neurocomputacionales: la neurogénesis interfiere con la recuperación de recuerdos remotos”; fue realizado por Pablo Argibay y Victoria Weisz –del Instituto de Ciencias Básicas y Medicina Experimental del Hospital Italiano de Buenos Aires– y se publica en el último número de la revista científica Cognition: “En contraste con los modelos y teorías que relacionan la neurogénesis adulta con los procesos de aprendizaje y memoria, casi no se han formulado hipótesis sólidas sobre la influencia de la neurogénesis adulta en el olvido”, señala el artículo. Su aporte consiste en discernir “una distorsión de la memoria remota, causada por el nacimiento y crecimiento de nuevas células en el hipocampo: la activación de nuevas neuronas conduce a un empobrecimiento en la recuperación de los antiguos recuerdos en el hipocampo”; esos recuerdos “son transferidos al neocórtex (otro sector del cerebro) para su almacenamiento a largo plazo”.
Para llegar a estos resultados, los investigadores no cortaron cerebros ni pusieron ratitas en laberintos, sino que prendieron la computadora: Argibay y Weisz utilizaron un modelo matemático, que ellos mismos habían desarrollado y publicado en 2009 y que a su vez incorpora los resultados de las distintas investigaciones sobre el tema. “El hipocampo es muy importante para la memoria espacial –señaló Argibay a Página/12–: a los animales les permite ubicar los nidos, los lugares de caza o de peligro. En seres humanos, una investigación con resonancia magnética sobre taxistas londinenses, que por su trabajo habían desarrollado una gran memoria sobre calles bloqueadas y otros cambios cotidianos en la ciudad, mostró en ellos un gran desarrollo de la zona del hipocampo.”
Quiere decir que el hipocampo se modifica según la experiencia...
–Sí. Y, como se trata de un aumento de volumen, es probable que se deba a la aparición de nuevas neuronas. El hipocampo interviene también en la “memoria episódica”: yo converso hoy con usted y al mismo tiempo tomo café, miro distraídamente ese cuadro; mañana cualquiera de estos elementos, por ejemplo una taza de café, traerá a mi memoria el conjunto de esta conversación, de este episodio. Las ratas, por ejemplo, tienen en el hipocampo neuronas específicas que se activan cuando el animal vuelve a pasar por un lugar donde estuvo recientemente.
Eso, en cuanto al hipocampo y la memoria, pero ¿el olvido? “En nuestro modelo del hipocampo, cuando se intenta recuperar, digamos, el recuerdo número uno de una serie de 300, la memoria falla; ahora, si se suprime la generación de nuevas neuronas, la recuperación de recuerdos antiguos mejora –observó Argibay–. Pero hemos visto que la neurogénesis en el hipocampo es necesaria para que el cerebro pueda hacer frente a las novedades.” Entonces, ¿cómo hacemos para no perder los recuerdos a medida que se crean nuevas neuronas en el hipocampo? “Los recuerdos antiguos pasan desde el hipocampo a otras zonas del cerebro, donde se guardan de manera más o menos permanente”, explicó Argibay.
“En personas afectadas por la enfermedad de Alzheimer, o en otras a las que el hipocampo tuvo que serles extirpado, la recuperación de los recuerdos antiguos se mantiene, pero hay trastornos en la memoria reciente; no pueden ubicarse en su casa, saber con quién conversan, manejar la novedad. Esto obedece a una degeneración masiva del cerebro, donde, entre otras cosas, se pierde la capacidad de generar nuevas neuronas en el hipocampo –agregó Argibay–. En las personas con depresión también podría haber problemas con la neurogénesis: muchas veces la mejoría va acompañada de un aumento en el volumen del hipocampo, y se sabe que los antidepresivos estimulan la generación de nuevas neuronas en el hipocampo.”

6 de agosto de 2012

Cerebro de personas con excelente memoria autobiográfica es diferente

Científicos de la Universidad de California Irvine (UCI), en Estados Unidos, han descubierto diferencias fascinantes en los cerebros y los procesos mentales de un extraordinario grupo de personas capaces de recordar sin esfuerzo –y con gran lujo de detalles- cada momento de sus vidas desde que tenían 10 años de edad. Se trata de los llamados individuos hipertimésicos, dotados con una memoria autobiográfica muy superior a la del resto de la población, y cuya existencia se conoce desde 2006. 

James McCaugh y su equipo han descubierto que esta capacidad se basa en diferencias en nueve estructuras del cerebro, incluyendo que poseen materia blanca más densa y robusta en las conexiones que unen las zonas frontales y medias de nuestro órgano pensante. El estudio, publicado en la revista Neurobiology of Learning & Memory’s, podría ayudar a entender mejor cómo almacena los recuerdos la memoria humana. 

Los hipertimésicos “no son los clásicos expertos en técnicas de memorización, y su cerebro no se parece en nada al de los campeones que memorizan miles de decimales del número pi”, tal y como explica Aurora LePort, coautora de la investigación. Le Port sugiere que esto demuestra que son el mejor modelo que existe para estudiar un tipo de memoria muy específica: la relacionada con nuestra propia biografía. 

De hecho, cuando alguien le menciona a un hipertimésico cualquier fecha del pasado su respuesta es inmediata: recuerdan qué día de la semana era en un 99% sin apenas pensarlo. Otros rasgos comunes de estas personas es que suelen tener colecciones de objetos minuciosamente catalogadas, por ejemplo de postales, revistas, sellos o incluso zapatos. 

Tomado de: http://acabadeocurrir.com/cerebro-de-personas-con-memoria-autobiografica-excelente-es-diferente/

2 de agosto de 2012

Olvidos fatales


¿Cuántas veces hemos salido de casa sin las llaves? ¿O hemos intentado entrar en ella con la tarjeta del transporte público? Son pequeños descuidos, momentáneos, pero que en determinadas ocasiones pueden constituir un auténtico peligro. ¿Qué ocurre cuando uno de estos descuidos afecta, por ejemplo, a un cirujano? Se trata algo más habitual de lo que parece. Tras finalizar una operación quirúrgica de alto riesgo de forma satisfactoria, y pasada una semana, el paciente empieza a sentir un agudo dolor abdominal y los rayos X revelan que los médicos olvidaron un fórceps en el interior del paciente. ¿Cómo es posible que profesionales altamente cualificados se olviden de realizar una tarea simple que han ejecutado sin dificultad miles de veces antes?

Este tipo de descuidos, que los investigadores califican como “fallos de memoria prospectiva”, son eventuales, ocurren en todo tipo de actividades humanas, y pueden afectar a cualquiera. La investigación psicológica revela, además, que no tienen por qué estar relacionados con una falta de habilidad o un comportamiento poco cuidadoso, sino con un fallo en la memoria inintencionado y difícil de prever.

Los fallos de memoria prospectiva suelen ocurrir cuando tenemos la intención de hacer algo más adelante, pero nos enfrascamos en nuevas tareas que acaparan nuestra atención, que nos hacen olvidar lo que originalmente íbamos a hacer. A pesar del nombre, la memoria prospectiva depende realmente de diversos procesos cognitivos, incluyendo la planificación, la atención y la gestión de tareas. Se trata de errores comunes en la vida cotidiana, que no suelen pasar de la anécdota, pero que en lugares de alto riesgo como un quirófano o la cabina de un avión pueden ocasionar, y ocasionan, auténticas catástrofes.

Un despiste puede ser letal

Todos los veranos mueren varios niños porque sus padres han olvidado que estaban dormidos en el cocheEn un artículo publicado ayer en la revista Current Directions in Psychological Science, el psicólogo de la NASA R. Key Dismukes explica la importancia que tienen este tipo de errores, en insiste en la necesidad de aplicar a la vida real las numerosas investigaciones que se han hecho al respecto. En su opinión, los fallos de memoria prospectiva afectan a todo el mundo y su peligrosidad es mucho mayor de lo que se cree: 

En la mayoría de ocasiones la memoria prospectiva implica la intención de hacer algo en un momento determinado: como acudir a una cita con el médico, acordarse de felicitar a un amigo que ha tenido un hijo o bajar a hacer la compra. Sin embargo, muchas de las acciones que realizamos en nuestra vida cotidiana, ya sea en casa o en el trabajo, implican tareas habituales que se repiten constantemente, sobre las que no prestamos atención. Por ejemplo, una tarea diaria es coger el coche para ir al trabajo, pero todas las acciones relacionadas, como arrancar el coche o tomar la salida adecuada de la autopista, las hacemos de manera automática. Nuestra intención al respecto no es explícita: no pensamos “voy a ponerme el cinturón”, simplemente lo hacemos.

Según Dismukes y sus colegas, y tal como han explicado en numerosos trabajos anteriores, este tipo de tareas automáticas son las que se suelen olvidar en los fallos de memoria prospectiva, y han identificado diversas situaciones típicas que pueden llevar a este tipo de errores. Es el caso de las interrupciones o perturbaciones en procesos habituales, que pueden llevar a un olvido irritante en la mayoría de ocasiones pero fatal en determinados escenarios. De hecho, numerosos accidentes aéreos han ocurrido porque los pilotos fueron interrumpidos mientras ejecutaban tareas de supervisión rutinarias que se realizan antes del despegue. Tras la interrupción los pilotos continuaron su tarea, olvidando que habían dejado un paso sin completar.

Otra de las principales causas de los fallos de memoria prospectiva es la realización de diversas tareas al mismo tiempo: la ampliamente estudiada multitarea. Aunque parezca que nos hemos adaptado bastante bien a lidiar con varias tareas de forma simultanea nuestra memoria puede jugarnos una mala pasada. Las investigaciones muestran cómo en cuanto surge un fallo en alguna de las tareas nos centramos en ella, olvidando el resto de cosas que estábamos haciendo.

Métodos para evitar el desastre

Para defenderse de los fallos de memoria prospectiva y sus potenciales desastrosas consecuencias, los profesionales que realizan actividades de riesgo, como pilotos o médicos, cuentan con herramientas de memoria específicas, como listas de verificación o revisiones duplicadas. Pero la investigación revela que hay herramientas que nos permiten evitar este tipo de fallos en la vida cotidiana. Dismukes señala que la elaboración de una lista de tareas, donde estén apuntadas las acciones específicas que queremos realizar, mejora de forma notable el rendimiento de la memoria prospectiva a la hora de hacer ejercicio, seguir correctamente una medicación o estudiar, por ejemplo.

Además de las listas de tareas Dismukes anima a usar otro tipo de herramientas que ayudan a recordar y llevar a cabo con éxito todas las acciones que exige nuestro día a día:


  • Usar herramientas de memoria externa como las agendas de los ordenadores y smartphones
  • Evitar la multitarea si una de las acciones que debemos realizar entraña algún riesgo
  • No posponer nunca las tareas cruciales
  • Crear notas recordatorias y colocarlas en lugares que tengamos que ver a la fuerza
  • Asociar la tarea a realizar con un hábito que ya tengas establecido de antemano


Según Dismukes, “en vez de culpar a los individuos por fallos involuntarios en la memoria prosectiva, las organizaciones pueden mejorar la seguridad mediante la implantación de este tipo de medidas”. 

Tomado de: http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2012/08/02/olvidos-fatales-como-evitar-los-descuidos-del-dia-a-dia-103059/

1 de agosto de 2012

“Drinking from a firehose:” can research into the human mind help with medical school memorization?

I’ve come across many analogies that try to convey the amount of memorization required in medical school. The most popular is drinking from a firehose. One physician writer put it like this: “It was like being asked to enter a grocery store and memorize the names of every product in the store, their number and location, every ingredient in every product in the order in which they appear on the food label, and then to do the same thing in every grocery store in the city.”

In medical school, we talk in terms of “high yield” and “low yield” information. Basically, everyone accepts that it is impossible to know everything or even close to it, so medical school becomes an exercise in figuring out what is most important. For every conversation about memorizing, there are also a couple of self-deprecating quips about forgetting. I’ve had times where I studied something, took a short break, and then forgot what I was just reading. Is it sad? Yes. Demoralizing? Can be. But unique? Talking to other medical students, I’ve found the answer is a resounding no. The consensus on memorization among my peers is comically Lake Wobegon in reverse: here, everyone is convinced (s)he is below average.

Are we inherently bad at memorizing? Are we just not programmed to be effective at learning everything the modern medical landscape demands from us? I wondered about that. But more so, I wondered about solutions. If we ask for help, most of us rely on casual tips from those who have gone through the process before us, and we try to assemble diverse anecdotes into a feasible personal plan. But research into the human mind and its ability to remember is vast. And that knowledge says that memorization is a skill that can be improved upon with strategy and practice.
What of that knowledge can apply to medical training, specifically? Which techniques can help information stick – in ways that are meaningful, relevant, and ultimately useful for patient care?

***

Chunking. Our short-term memory can store and retrieve a limited number of facts – and researchers have honed in that number. In 1956, cognitive psychologist George Miller published a paper providing evidence for seven being the magic number, plus or minus two. It was one of the most widely cited psychology papers ever, and Miller’s figures are ones that many in modern psychology circles still go by. What does that mean if you want to remember more than seven items? The solution involves breaking down – or “chunking” – larger sequences into smaller ones. For example, if you want to remember the ten digit sequence 6256493174, you could instead think of it as 6, 256, 493, 174. Or 62, 56, 49, 31, 74. Or some other combination, as long as it’s in a retainable number of chunks.

Does it work? In medicine, we constantly need to remember facts that relate to a particular umbrella subject. Chunking is useful as a guide in keeping relevant concepts together, within a range that is ideal for memorization. I know, for example, that if I am trying to remember bacteria, it helps to classify them into groups – with each group containing facts of nine or fewer items. In that sense, perhaps chunking is little more than a fancy way of saying organizing – with the additional recommendation of what size you should organize subjects into to increase your chances of retaining.

One issue is that chunking refers to a technique for short-term memory. In medical training, I care about knowing things for the long term. Can chunking still help? Psychologist opinion seems to say yes: chunking improves the transfer of short-term memory to long-term memory. Some have used the example of language to make this point, in that we regularly use single words or phrases to capture complex meaning and remember it in the long-term. Medicine uses similar principles. That is, whenever we have a medical term for a constellation of symptoms, a disease progression, or a type of treatment, we are actually chunking multiple concepts into a single phrase. Taken in reverse – a single medical term connotes multiple ideas. Medical language enables us to memorize better by having us memorize in chunks.

The bottom-line on the usefulness of chunking in medicine is that it’s a way of thinking consciously about something we tend to do naturally – organizing complex ideas into simpler ones. Having that conscious awareness of why condensing works can make the number of facts we are expected to learn in medicine less intimidating.

The memory palace. Picture some location you know well, such as the rooms in your house or the streets in your neighborhood. Now suppose you have to memorize a list of groceries. Start at the beginning of your location and walk forward, placing items at well-known landmarks as you go. Maybe you place a carton of milk at the foot of your stairs, a dozen eggs at the top, and a pile of apples next to the pillow on your couch. This technique is described well in Moonwalking with Einstein: The Art and Science of Remembering Everything, by Joshua Foer. The idea behind the memory palace is that we have an innate knack for remembering spatial layouts – supported by brain scans showing that spatial learning parts of the brain are used by people who win memory contests.

Does it work? Since you’re walking along a path, the memory palace works well for material that needs to be remembered in sequence. What topics in medicine might apply? Stages in a disease progression do the trick. The memory palace can also be useful in anatomy, a subject filled with order: which blood vessels branch into which, how nerves connect, and how layers of muscle and connective tissue lie – from top to bottom, front to back, and left to right. Additionally, the memory palace can be of use for lists where there is no order (such as the groceries); I would simply create a different walk for each list. In that way, any part of medicine I might “chunk” together, I could also place within a memory palace.

There are a few drawbacks. One is that the images that do the most for memory are ones that are most creative – or, as Foer puts it, most ludicrous. Crafting ludicrous images might be fun, but it is also very time consuming. Compounding the time investment is that many topics in medicine are not prone to imagery the way groceries are. Imagine biochemistry, for instance, where I am trying to remember the steps of signal transduction: Ras activates RAF, which activates MEK, which activates ERK. How can I place this alphabet soup of acronyms in my house? Since Ras comes from “rat sarcoma,” I could imagine a rat with a tumor somewhere in my house; maybe ERK reminds me of my friend Erik, so I could picture him as the last step. It can be done, but it demands imagination. As a result, I find the memory palace a good investment only for very high yield information that I need to summon over and over.

Mneumonics. Poems, acronyms, acrostics, and other types of word play fall into this category. Mneumonics are extremely common in medicine – so much so that they pepper every few pages of my review books, and that there exist entire websites devoted to them. They work because they take things that lack any sort of transparent meaning and package them in ways that resonate with subjects that are familiar in our everyday lives (example: “Some Lovers Try Positions That They Can’t Handle” resonates more than the arbitrary names of the hand bones, Scaphoid, Lunate, Triquetrum, Pisiform, Trapezium, Trapezoid, Capitate, and Hamate). Others are just catchy (to recall which nerves innervate the diaphragm, I still say the rhyme, “C3, C4, and C5 keep the diaphragm alive”). For topics where order matters, I also often find verbal mneumonics simpler than coming up with ways to place the items in the memory palace. For example, to remember the order of structures in the femoral triangle region of the thigh – nerve, artery, vein, empty space, and lymphatics – I find “NAVEL” easier to recall than attempting to mentally place those body parts around my house.

The verdict is that this is a fantastic technique that I use frequently in medical school. I will point out one downside, though, which is that speed of retrieval does matter in medicine – so if your mnemonics get too unwieldy, they are less useful. For example, imagine being on rounds, and having your attending ask you a question about the ninth cranial nerve. If you use any of these mneumonics to remember the twelve cranial nerves, and you need to go through them all to get to number nine, your answer will be slow. And that won’t look good. The consequences of slowness during actual patient care, of course, can be more dire than a damaged ego.

Be emotional. For good or bad – we remember things that make us feel. In addition to personal anecdotes, there is much research supporting the idea that emotional experiences are remembered more vividly that less emotional experiences. Brain scans, for example, show that when people store and later recall vivid memories, both the amygdala (a part of the brain involved in emotion) and the hippocampus (a part involved in memory) are at work, and those with better recollection use the emotional parts of the brain more.
When people encode vivid memories, the amygdala and hippocampus interact. Emotional memories are retrieved better than neutral ones. 

Does it work? That we remember better when emotions are involved bodes well for medicine – a career in which we will be caring for human lives and thus often immersed in emotional situations. Already, I have experienced the impact of emotions on memory. I have been more successful in remembering information about illness when a patient was involved than when I was studying from a book. The details stuck because they mattered. I am comforted by the idea that my experiences with patients will be positive not only from a humanistic standpoint of providing compassionate care, but will also aid in my life-long learning to deliver quality care.

The downside is that during the first two years of medical school – when we are supposed to be learning the basics of all of medicine – our patient experiences are limited. During first year I saw patients once a week; during second year, it will be twice a week. The vast majority of my learning is from detached books. Still, we can do things to make our emotional memories work for us; I find that placing information about illness even in the context of a fictional patient is helpful. (I’ve even tried fictionally afflicting myself with diseases I am learning about – I’ve had some success there too, but to a lesser extent.)
Another downside of relying too much on emotional memory is that it can open the door for biases. For example, doctors may be more likely to diagnose a new patient with an illness they have seen recently, in a situation that emotionally stuck in their minds, even when other options they have not recently seen might be just as logical. I hope that awareness of those potential limitations in our thinking can help me work consciously and actively to avoid letting them bias my decision-making.

Repetition. Every psychology text under the sun will tell you that repeating things will help with remembering them. The second exposure to facts is easier than the first, and the third is easier than the second. While I find this extremely true, the one caveat I would point out is that simply repeating another’s words, without having an intuitive grasp of what you are saying, is not the way to make this technique work. Medicine involves a lot of rote memorization, certainly, but it also involves conceptual understanding. Saying “increased afterload leads to decreased stroke volume” over and over, without understanding the physiological steps of how and why, does little for effective memorization. More importantly, it does little for making connections and applying, which is what we really care about in medicine.

The concept map. During first year, our physiology professor drilled this one in our minds. A concept map involves writing ideas in circles and connecting them by arrows. More than one arrow can go to more than one circle, and they can represent relationships like “contributes to” or “is caused by.” It works because it enables you to piece information together in your own ways, seeing how parts of systems work together without skipping steps or making leaps. We remember things better when they make sense. And, just like I said in the repetition section, the more important benefit is that it does wonders for understanding and applying – the ultimate goal in medicine.
This one sounds obvious, but I’ll say it anyway: concept maps are useful only for conceptual understanding. The memorization involved in medicine involves a blend of conceptual understanding and rote memorization. Concept maps have helped me make sense of how the human body acts and reacts, but unfortunately does less for topics like drug names and anatomy.

Be healthy. Our bodies influence our brains. Though not all mechanisms are understood, we remember better when certain things are taken care of better: when we eat well, exercise, and get enough sleep. Unfortunately, I’d guess this is the one we are most likely to overlook in medical school. But all of these tactics are pretty convenient, in that these are things we should be striving to do anyway.

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How much memorization should be required during medical school? That is a question up for debate, with widely mixed opinions. Some who have made it through to the other side argue that the modern system emphasizes too much, for the reality of clinical care is that you will always be looking up information. Critics also point out each of us will go into a medical specialty; so knowing everything about everything is less sensible than choosing a path earlier and focusing our learning on what we will actually be practicing. There’s also the consideration of motivation. A medical student who feels burnt out from the first two years might become a less astute, less caring physician.

Others maintain that it is important to know a lot, because even if you don’t remember everything (and you won’t), that first exposure is critical in developing an understanding of the overall landscape and how different pieces of medicine relate to one another. That is, even if you don’t remember the exact details of what you learned, you will remember that the information exists – so you will know what to look up, and how it’s relevant.

I am not nearly far along enough in my medical training to have a strong leaning one way or another. I imagine things will become clearer when I am caring for patients and can gauge what kinds of information I use on a regular basis, what I use my memory for, and what I tend to look up. There’s also the fact that the two lines of reasoning above are two ends of a spectrum – and the answer may very well lie somewhere in the middle.

When drowning in memorization, some perspective is valuable. In the end, the most challenging parts of medicine are yet to come – and they will not involve problems of memorization. The facts I am committing to memory now will be the building blocks to solve complex patient cases later. I will come across symptoms that will not fit into recognizable molds. My future will involve piecing together clues, weighing relevant and irrelevant information, proposing new ideas that are conceptually viable, and evaluating outcomes. I will have to identify and confront my own biases to try to hone in what is true, rather than what is easy, convenient, or familiar. I will have to critically evaluate my own skillsets and recognize when to ask for help, and from whom to get it. I will have to do all of this within the framework of human interaction, being constantly mindful of patients’ emotions, thoughts, and concerns. I will be treating human beings, not diseases. And that is what I am looking forward to.

In my first year physiology course, our professor gave us weekly quizzes. Each quiz was open book and open notes. Our final exam was a five-page case on a fictional patient, given to us two days in advance, where we could work in groups consulting any and all resources we had. That four-hour exam and the quizzes preceding it were the most academically challenging of anything I took first year. Our professor was preparing us, and I am grateful for the standards he held us to. Because that’s medicine, he told us: “open book, but still hard.”

By Ilana Yurkiewic. Tomado de: http://blogs.scientificamerican.com/unofficial-prognosis/2012/07/26/drinking-from-a-firehose-can-research-into-the-human-mind-help-with-medial-school-memorization/

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