16 de abril de 2013

Aprendizaje y memoria. Relación de dependencia mutua

El término «aprendizaje» subraya la adquisición de conocimientos y destrezas; el de «memoria», la retención de esa información. Ambos procesos se hallan inextricablemente unidos. Solo podemos determinar si alguien ha aprendido algo observando si más tarde lo recuerda; solo podemos recordar un episodio si almacenamos información sobre su datación. Imaginémonos que naciéramos sin capacidad para formar recuerdos. Nada de cuanto experimentásemos dejaría huella; no aprenderíamos a andar o a hablar, ni recordaríamos nada que nos hubiera sucedido; permaneceríamos, cual insectos aprehendidos en ámbar, presos en una mente infantil. Porque aprendemos y recordamos construimos nuestro proyecto de vida. El término «memoria» se emplea comúnmente en uno de dos sentidos, el de registro mental de nuestras experiencias y el del acto de recuperar el registro en cuestión. A la memoria que se nos ofrece como un revivir consciente de momentos específicos la denominamos episódica; la memoria semántica implica un conocimiento factual. Suele hablarse de tres estadios en el recuerdo de un episodio: codificación, almacenamiento y recuperación. La codificación remite a lo que sucede cuando experimentamos un suceso y formamos un recuerdo o código para su representación. Ese registro permanece almacenado hasta que llega el momento de recuperarlo.

Aunque hablamos de aprendizaje humano, hemos de tener en cuenta que la mayoría de los experimentos se han hecho sobre animales. Por razones obvias: es más fácil controlar el entorno animal que el de las personas y, con ello, delimitar mejor las aportaciones de las diversas variables. Mostraban, además, unos sistemas de aprendizaje más elementales, lo que facilitaba la comprensión de los procesos fundamentales. Durante decenios, la psicología estuvo dominada por los conductistas, quienes desconfiaban de las explicaciones que atribuían la conducta a estados mentales que no podían observarse; al trabajar con animales se obviaban los estados mentales para centrarse en las variables que controlaban la conducta. Resultado de todo ello, el aprendizaje se estudió tomando por modelos ratas y, más tarde, palomas. Tras la entrada en escena de la psicología cognitiva en la revolución de la disciplina de los años cincuenta y sesenta, los investigadores se persuadieron de que el conocimiento de la memoria requería desentrañar unos procesos mucho más complejos que la mera formación de asociaciones.

Los teóricos del aprendizaje han tomado prestadas ideas que emergieron en la ciencia cognitiva; así, la distinción entre procesos controlados y procesos automáticos, o los modelos de redes neurales. Por su parte, los teóricos cognitivos resaltaron el papel de procesos asociativos en la memoria. Algunos estímulos desencadenan siempre la misma reacción. Si tocamos una sartén caliente, procuraremos en adelante retirar la mano; si un ramalazo de aire azota nuestros ojos, los cerraremos en las próximas ocasiones. Cuando un estímulo desencadena una respuesta, la relación establecida se denomina reflejo. Lo que no empece que en muchos casos cambie con la experiencia la forma en que reaccionamos ante los acontecimientos. De hecho, el aprendizaje es un cambio en el comportamiento debido a la experiencia; con mayor precisión, un cambio en nuestra capacidad de comportamiento como resultado de tipos particulares de experiencias.

En el caso de la habituación, el aprendizaje se produce en la presentación de un solo estímulo. Pero el aprendizaje suele requerir dos y su razón de relación. En el condicionamiento clásico aprendemos la relación entre dos estímulos; en el condicionamiento operante (de refuerzo o castigo) aprendemos la relación entre una respuesta y su consecuencia. Para explicar el aprendizaje se recurre a la regla de Hebb, hipótesis introducida por Donald O. Hebb en su The organization of behavior, según la cual el emparejamiento de estímulo y recompensa provoca que las neuronas respectivas se activen y que esa excitación síncrona modifique luego la intensidad de tales conexiones (sinapsis) entre neuronas. La importancia de la regla en el aprendizaje asociativo recibió un significativo respaldo experimental con el descubrimiento de la potenciación a largo plazo, en la cual la excitación coincidente de dos neuronas interconectadas produce un vínculo más fuerte entre ellas. El correlato más claro de aprendizaje asociativo se descubrió en 2011, al identificarse la plasticidad dependiente de la temporización de la espiga (STDP, de spike-timing-dependent plasticity). Regulan también la plasticidad sináptica la acelticolina, serotonina, dopamina, noradrenalina y octopamina, entre otros. Tales transmisores neuromoduladores pueden potenciar o reducir la intensidad de las sinapsis. Son, por tanto, candidatos potenciales para intervenir en el aprendizaje.

Los cambios de plasticidad relacionados con el aprendizaje han recibido un tratamiento extenso en los estudios sobre la emoción en los animales. También en experimentos sobre animales se han identificado los mecanismos neuroquímicos en virtud de los cuales los fenómenos emocionales aumentan la memoria. Revelan una modulación beta-adrenérgica. La potenciación de la memoria emocional en los humanos puede inhibirse mediante la administración de propanolol, bloqueador del beta-adrenorreceptor. La amígdala influye en la neurotransmisión colinérgica en el establecimiento de trazos persistentes de memoria. Sabido es que la amígdala humana es determinante para el condicionamiento del miedo, una forma de memoria implícita. Quienes han sufrido daños en esa estructura cerebral no emiten respuestas condicionadas de miedo, pese a mantener un conocimiento explícito con respecto a las asociaciones de estímulo condicionado (EC) e incondicionado (EI). Por el contrario, los pacientes con lesiones en el hipocampo y amígdala intacta conservan el condicionamiento del miedo, no obstante mostrarse incapaces de evidenciar un conocimiento explícito respecto a las contingencias de EC-EI. Las observaciones registradas con técnicas funcionales de formación de imágenes confirman la importancia de la amígdala para el aprendizaje de las asociaciones EC-EI, aunque apuntan a una función limitada en el tiempo.

Está emergiendo una nueva teoría que se propone explicar el aprendizaje en todas sus facetas, desde el condicionamiento clásico hasta el aprendizaje del lenguaje. Mediante un principio increíblemente simple: cuando dos neuronas se muestran activas a un tiempo, la conexión entre ellas se refuerza. Se trata de la teoría conexionista o de la red neural. Cuando una neurona se estimula, se produce un impulso eléctrico que se transmite a lo largo del axón. Al llegar al terminal del axón, el impulso causa la liberación de neurotransmisores que recorren el hiato sináptico y alcanzan la neurona siguiente. La llegada de esos neurotransmisores hace que la segunda neurona produzca un impulso eléctrico y así sucesivamente. El cerebro consta de unas cien mil millones de neuronas. Cada neurona recibe información de cien mil más. Se llama red neural a una red densamente interconectada de este tenor. En terminología del mundo eléctrico, el cerebro es un sistema en paralelo, en el que numerosos sistemas operan simultáneamente. La red neural consta de un conjunto de unidades interconexas. Cuando una neurona de la red se activa, esa actividad se transmite a otras neuronas con las que se halla conectada. La intensidad de excitación transmitida entre dos neuronas depende de la fuerza de la conexión. Si dos neuronas de la red se activan al mismo tiempo, la conexión entre ellas se potenciará. A modo de contraposición típica, el bloqueo de las uniones de intervalo neuronales en el hipocampo daña aprendizaje y memoria.

HUMAN LEARNING AND MEMORY, por David A. Lieberman. Cambridge University Press; Cambridge, 2012.

Tomado de: http://www.investigacionyciencia.es/investigacion-y-ciencia/numeros/2013/4/aprendizaje-y-memoria-10995

9 de abril de 2013

Deterioro cognitivo, Alzheimer, riesgo cardiovascular, y actividad física y mental


Debido a la mayor esperanza de vida y consecuente envejecimiento de la población, la demencia y desórdenes cognitivos están alcanzando proporciones epidémicas. En los países occidentales, las formas más comunes de demencia son la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular. Ante esta realidad se está investigando activamente para detener e identificar precozmente el riesgo de desarrollar demencia. Dos artículos publicados en abril y uno en enero de 2013, presentan resultados interesantes en este sentido.

Un estudio del Instituto Nacional Francés de Salud e Investigación Médica, publicado en Neurology, encontró que una herramienta de evaluación de riesgo para la enfermedad cardíaca puede predecir mejor la pérdida de memoria que una evaluación de riesgo de demencia. El hallazgo establece una relación entre los problemas del corazón -alto colesterol y alta presión arterial- y el deterioro cognitivo.

En el estudio participaron cerca de 7.800 hombres y mujeres con edad promedio de 55,6 años. A cada participante se le calculó al inicio del estudio, su riesgo de enfermedad coronaria, de accidente cerebrovascular (ACV) y de demencia.

Después de haber realizado estas evaluaciones de riesgo, a los participantes se les aplicaron pruebas cognitivas para razonamiento, memoria, fluencia verbal, vocabulario y cognición global, las cuales fueron evaluadas 3 veces a lo largo de 10 años.

Los investigadores compararon 2 herramientas de enfermedad vascular basadas en el Índice Framingham para Riesgo Cardiovascular (General, y para ACV) y el Índice de Factores de Riesgo, Cardiovascular, Envejecimiento y Demencia (CAIDE), herramienta que puede predecir la probabilidad de que una persona de mediana edad desarrolle demencia en 20 años.

Los dos índices de Framinghan empleados, incluyen edad, presión sistólica, tratamiento para hipertensión, tabaquismo, y diabetes, con género, colesterol HDL, y colesterol total para el índice General, y fibrilación atrial, hipertrofia ventricular izquierda y 5 categorías de presión sistólica para el índice de ACV.

Los dos índices de Framingham se asociaron con el deterioro en todas las pruebas cognitivas, excepto memoria, mientras que el riesgo de demencia no se asoció con el deterioro de la memoria y de las habilidades verbales.

La conclusión es que si bien ambos tipos de pruebas predicen el deterioro cognitivo que se inicia en la mediana edad, los índices cardiovasculares parecen ser más ventajosos que el índice de demencia, para ser usado en la prevención, apuntando a los factores de riesgo modificables que son empleados por muchos médicos, y empiezan a ser muy conocidos por una sociedad que desea informarse para gestionar su propia salud.

Esto enfatiza la importancia que tienen los factores de riesgo para la EC tales como alto colesterol y alta presión arterial, no sólo para aumentar el riesgo de enfermedades del corazón y ACV, sino también el impacto negativo que tienen en las habilidades cognitivas.

Otro estudio sobre el tema, se realizó en la Cínica Mayo y se publicó en JAMA Neurology de enero de 2013. Se realizó con 2700 personas, y se encontró que aquellas que sufrían enfermedades del corazón, especialmente mujeres, tenían casi el doble de probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo leve no-amnésico (DCLnA), que no incluye la pérdida de memoria, pero afecta el lenguaje, el pensamiento y el juicio.

El DCLnA describe problemas mentales más graves que la pérdida normal de memoria asociada con la edad, que no es aún demencia. Adicionalmente, el DCLnA se considera un precursor de la demencia vascular (resultante de micro ACV), y otras demencias no-Alzheimer.

El los participantes se investigaron varios tipos de enfermedades cardíaca, que incluían la fibrilación atrial, enfermedades de las arteras coronarias (arterioesclerosis por ejemplo), e insuficiencia cardíaca.

Se encontró que la EC es un factor de riesgo independiente para el DCLn, y la asociación con mujeres fue más fuerte.

Como resultado, los autores concluyen que la prevención y el manejo de la EC y de los factores de riesgo vascular pueden reducir el riesgo de DCLnA.

Las personas que tienen EC pueden tener enfermedad vascular en otras partes del cuerpo como el cerebro. Entonces, pudiera ser que la EC causa la enfermedad cerebral, o que las dos vayan juntas De acuerdo a los autores, sus resultados no significan que todo aquel que sufra de enfermedad cardíaca deber examinarse por función cognitiva, sólo asegurarse de detener la progresión de la EC.

Para aquellas personas que no tengan EC hay que enfatizar en la prevención. Ante la gran cantidad de enfermedades que comparten los mismos factores de riesgo, se debe dar entonces mucha importancia a los estilos de vida saludables, con una alimentación adecuada y actividad física, que reducen el riesgo de obesidad e hipertensión.

Dada la fuerte evidencia que establece una conexión entre una métrica saludable para el corazón, (tales como colesterol y presión arterial) y una mente saludable, los cambios en los estilo de vida son una estrategia potencialmente viable para prevenir o desacelerar la demencia y la pérdida de la función cognitiva.

El 1 de abril de 2013 se publicó en Jama Internal Medicine los resultados del efecto combinado de actividad física (AF) y actividad mental (AM) en las funciones cognitivas de 126 adultos mayores inactivos, con problemas autoreportados de pensamiento y memoria, y cuyas habilidades en estas áreas mejoraron después de habérseles asignado actividades diarias en las cuales ocupar su mente y su cuerpo.

Por ejemplo, aprender unas cuantas palabras extras en un idioma extranjero y caminar varias veces a la semana, permite obtener buenos resultados en unos pocos meses.

Por 12 semanas, todos los participantes completaron una actividad mental en el hogar (1 hora diaria/3días a la semana) que involucraba trabajo intenso en computadora y DVD educacionales, y una clase de AF (1hora diaria/3días a la semana) de ejercicio aeróbico, estiramiento y tonificación.

Las puntuaciones cognitivas de los participantes mejoraron durante el periodo de estudio de AM+AF. La conclusión es que las intervenciones combinadas tienen efectos más globales e importantes que AF o AM, por sí solas.

Tomado de: http://lukor.com/blogs/noticiasdehoy/2013/04/09/deterioro-cognitivo-alzheimer-riesgo-cardiovascular-y-actividad-fisica-y-mental/

31 de marzo de 2013

Es posible no pensar en un elefante

Expertos del Centro Vasco sobre Cognición, Cerebro y Lenguaje y de la Universidad de la Universidad de California han mostrado por primera vez la red de regiones cerebrales que permiten la interacción entre el área prefrontal lateral y el hipocampo durante el control de memorias.





No pienses en un elefante es el título de un influyente libro, publicado por George P. Lakoff, que ha inspirado estrategias electorales de varias elecciones presidenciales estadounidenses.

Basado en recientes teorías neurocientíficas de investigadores como Daniel Wegner, sostiene que es imposible reprimir voluntariamente los recuerdos. Al estilo de la represión freudiana, por mucho que intentemos eliminar el elefante de la memoria, siempre aparecerá ahí.

Sin embargo, en los últimos años estas teorías han sido puestas en cuestión por estudios que muestran que memorias aprendidas recientemente pueden resultar temporalmente inhibidas cuando los participantes intentan suprimirlas de forma activa y repetida.

Ahora, una investigación recientemente publicada en el Journal of Neuroscience, dirigida por Kepa Paz-Alonso, científico del Centro Vasco sobre Cognición, Cerebro y Lenguaje (BCBL por sus siglas en inglés), muestra la red de regiones cerebrales implicadas en la capacidad de suprimir memorias.

Además, el estudio realizado en colaboración con Silvia Bunge, del Instituto de Neurociencias Helen Wills de la Universidad de California en Berkeley (EE UU), prueba que lo que diferencia a las personas capaces de suprimir sus memorias y las personas que no lo son es una característica fisiológica: la fortaleza de la conexión entre las regiones de esta red cerebral.

Dicha fortaleza, que une el hipocampo con el área pre-frontal lateral a través de la corteza cingulada y el lóbulo parietal, parece ser la condición necesaria para que una persona sea capaz de dañar voluntariamente un recuerdo recientemente adquirido, de modo que sea más difícilmente de recuperar por el cerebro.

Para probar esta tesis, Paz-Alonso y sus colegas desarrollaron pruebas conductuales y de resonancia magnética -una técnica que permite examinar las regiones cerebrales que se activan mientras estamos haciendo una determinada tarea-.

Durante estas pruebas, se presentaban inicialmente a los participantes pares de palabras (por ejemplo clavo-fotografía o asiento-tren) que tenían que aprender. Una vez aprendidos, dentro de la resonancia magnética funcional, se les presentaba la primera palabra de los pares y se les pedía que recordaran la palabra asociada o intentaran no pensar en ella.

De este modo, se realizaba un seguimiento de las redes del cerebro que se activan al recordar y suprimir exitosamente o no un recuerdo. Finalmente, se presentaba a los participantes una prueba de memoria en la que se les pedía que intentaran recordar todas las palabras inicialmente estudiadas y poder así examinar quienes habían sido capaces de suprimir sus recuerdos.

Gestionar recuerdos a voluntad

"El resultado de las pruebas", según Paz-Alonso, "mostró que lo realmente determinante para que una persona sea capaz de suprimir un determinado recuerdo es la conexión funcional entre el hipocampo y el área pre-frontal lateral de su cerebro". Los resultados de los tests realizados indicaron que "esta red está más activa cuando se inhiben intencionalmente recuerdos en comparación con cuando los mismos son simplemente olvidados".

A pesar de que las personas muestran la capacidad para inhibir recuerdos, estos estudios no implican necesariamente que estas experiencias hayan sido borradas de la memoria, pero sí que al menos temporalmente las mismas pueden quedar dañadas y, por lo tanto, ser más difíciles de recuperar.

La relevancia de esta capacidad del cerebro consiste en que las personas que la tienen pueden gestionar la atención de su mente más eficazmente para abandonar ciertos recuerdos a voluntad y así poder enfocar su atención en otros asuntos. Además, esta capacidad puede ser susceptible de mostrar mejoras mediante su entrenamiento.

Potencialmente y con más investigación en este campo, pueden desarrollarse programas de entrenamiento dirigidos a personas sanas y pacientes con ciertos trastornos, como por ejemplo estrés post-traumático, que favorezcan el desarrollo de estrategias de control mnémico y permitan una regulación más eficiente de los recuerdos y de su influencia en la conducta y pensamiento.

Tomado de: http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/1642285/sociedad+salud/es-posible-no-pensar-en-un-elefante#.UVjOqxxdDSg

Ratones con células cerebrales humanas implantadas se hacen más inteligentes

Ratones recién nacidos con células cerebrales humanas trasplantadas aprenden mejor y tienen más memoria que los ratones normales a los que no se les suministró esas células que rodean las neuronas, según las conclusiones de una investigación publicada en la revista 'Cell Stem Cell'. Los resultados indican que estas células de apoyo, denominadas glia, desempeñan un papel importante en la cognición humana.

Ratones recién nacidos con células cerebrales humanas trasplantadas aprenden mejor y tienen más memoria que los ratones normales a los que no se les suministró esas células que rodean las neuronas, según las conclusiones de una investigación publicada en la revista 'Cell Stem Cell'. Los resultados indican que estas células de apoyo, denominadas glia, desempeñan un papel importante en la cognición humana.

A medida que el cerebro humano evoluciona, las células glia se hacen mucho más grandes y más variadas que en los cerebros de los roedores. Aunque no conducen impulsos eléctricos como hacen las neuronas, estas células pueden modular la actividad neuronal, lo que lleva a los investigadores a preguntarse cómo estos cambios evolutivos han beneficiado a los seres humanos.

"Para evaluar la contribución específica de glia en el procesamiento y la plasticidad neuronal y las ventajas, en su caso, de las células en la cognición humana, injertamos células progenitoras gliales humanas en el cerebro de ratones recién nacidos y esperamos a que los ratones llegaran a la edad adulta", explica el doctor Steve Goldman, quien junto con su colaborador el doctor Maiken Nedergaard, dirige el Centro de Neuromedicina Traslacional del Centro Médico de la Universidad de Rochester (Estados Unidos).

"A continuación, evaluaron tanto las medidas neurofisiológicas y conductuales del aprendizaje y la memoria, al ver que los ratones injertados exhibieron un aprendizaje más rápido", continúa Goldman. Las conexiones neuronales en el cerebro también demostraron características de mejora del aprendizaje.

Estos hallazgos indican que la glia humana difiere funcionalmente de los cerebros de los roedores y contribuye significativamente al aprendizaje. "Por lo tanto, nuestros resultados sugieren que la evolución de la cognición humana puede reflejar el desarrollo humano de forma específica y la función glial", resume el doctor Goldman.En un estudio paralelo publicado en la revista a principios de febrero, este investigador y su equipo informaron que de manera eficiente pueden generar células gliales progenitoras a partir de células humanas de la piel reprogramadas en células pluripotentes inducidas.

Como resultado, los científicos son ahora capaces de establecer las células gliales progenitoras en una base específica del paciente a partir de individuos con enfermedades cerebrales, incluyendo un número de trastornos neuropsiquiátricos y neurológicos que son relativamente específicos para los seres humanos.

Al implantar estas células en ratones, tal como lo hicieron en este último estudio, los investigadores pueden evaluar el papel de las células gliales en estos trastornos, así como las estrategias de prueba de diferentes tratamientos que se dirigen a la función glial anormal. De hecho, se están realizando experimentos con células de pacientes con esquizofrenia y la enfermedad de Huntington.

Tomado de: http://noticias.lainformacion.com/ciencia-y-tecnologia/investigacion/ratones-con-celulas-cerebrales-humanas-implantadas-se-hacen-mas-inteligentes_0MYLv3WSa2MbRCE5GQaHS3/

Los fetos tienen memoria


Así lo afirma un estudio que nos llega desde Holanda


Cuanto más sabemos sobre la vida humana antes del nacimiento más podemos afirmar la continuidad a lo largo de todo el proceso de crecimiento de ese ser humano con ADN único e irrepetible que inicia su andadura en el momento de la concepción. Lo último nos llega desde el Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Maastricht y del Hospital Universitario St. Radboud, ambos en Holanda. Allí han realizado un estudio en un centenar de mujeres embarazadas y en sus fetos basado en la estimulación sensorial. El resultado: los niños aún no nacidos tienen memoria al menos desde la semana 30 de gestación, y son capaces de almacenar información y usarla cuatro semanas después.

El experimento consistió en aplicar un zumbido en la barriga de las mujeres con un "estimulador vibroacústico fetal", un dispositivo empleado para medir las pulsaciones del corazón y el estado general de un nonato, en cinco ocasiones durante las últimas ocho semanas de embarazo. Las respuestas del niño, principalmente con ojos, boca y movimientos del cuerpo, se monitorizaron con imagen por ultrasonido para medir el proceso de "aprendizaje fetal". Los investigadores han encontrado que los fetos se acostumbraban a los sonidos y vibraciones hasta el punto que llegan a familiarizarse con ellos y ya no reaccionan a los mismos, un proceso que se conoce como "habituacion". “El estímulo es aceptado entonces como seguro por parte del niño”, señala el informe.

El equipo investigador también encontró que los pequeños sujetos del experimento mejoraban en sus habilidades con el paso del tiempo: los fetos de entre 34 y 36 semanas claramente mostraban su familiaridad con el zumbido. “El feto recuerda el estímulo y el número de estímulos necesarios para que el feto se habitúe es entonces mucho menor”, afirma el estudio.

Las ecografías por ultrasonido en 3D cambiaron definitivamente nuestro modo de ver al niño no nacido, ahora descubrimos nuevas cualidades que nos confirman que estos niños, aunque no han salido aún de la barriga de sus madres, son plenamente niños, en un momento de su desarrollo concreto del que, además, cada vez descubrimos que suceden cosas que hace años ni imaginábamos.

Afirmar hoy en día aquello tan viejo de que el feto es un amasijo de células o de que forma parte del cuerpo de la mujer es tan insostenible que sólo se puede afirmar desde la voluntad consciente de sostener una mentira. Confiemos en que cada vez más personas acepten sencillamente lo que la ciencia corrobora cada vez con mayor fuerza.

Tomado de: http://www.intereconomia.com/blog/vida-inteligente/los-fetos-tienen-memoria-20130307